4 motivos por los que un taller de conversación es crucial para aprender francés
Dominar el arte de conversar es una habilidad, especialmente cuando la conversación no es en nuestra lengua materna. Cuando aprendemos nuestro propio idioma, lo primero que hacemos es hablar, y de ahí pasamos a las competencias gramaticales y escritas. Sin embargo, en el aprendizaje de un segundo idioma no es raro centrarse en la lectura y la comprensión antes que en la narrativa verbal. Si hablar es la habilidad lingüística más necesaria, lo lógico es preguntarnos qué podemos hacer para integrar mejor la práctica de la conversación en los programas corporativos de formación de idiomas.
1. Aprender haciendo
Al practicar la conversación, el alumno asimila los conocimientos adquiridos e integra una serie de habilidades cognitivas, poniéndolas en práctica simultáneamente para producir la comunicación oral. A todos los efectos, en esto consiste aprender haciendo.
Según un estudio realizado por Elise W.M. Hopman y Maryellen C. MacDonald, de la Universidad de Wisconsin-Madison, los estudiantes de idiomas que ejercitan la conversación obtienen mejores resultados que aquellos que aprenden por medio de ejercicios de comprensión sin práctica oral.
2. La conversación es bidireccional
Los idiomas reales evolucionan rápidamente y también exigen buena capacidad de escucha.
Mejorar nuestras habilidades orales exige una escucha activa.
Por eso, cuando hablamos de la importancia de la escucha en el aprendizaje de idiomas, no nos referimos solo a hacer ejercicios de comprensión auditiva ni a responder preguntas tipo test sobre un audio, sino también a escuchar al formador y a nuestros compañeros para demostrar que estamos atentos y entendemos la cultura que hay detrás del idioma que estamos aprendiendo.
Escuchar no se limita a escuchar para responder a la pregunta que nos plantean, hay que mostrar interés y ser capaces de hacer, a nuestra vez, las preguntas adecuadas. Una buena capacidad de escucha es una valiosa habilidad transferible y la práctica de la conversación ofrece el escenario ideal para desarrollarla.
Tener el léxico necesario para poder parar al formador y preguntar cuando hay alguna palabra o frase que no hemos entendido es una forma excelente de prepararnos para trabajar en un idioma extranjero.
3. Las relaciones son lo primero
Cuando el alumno da rienda suelta a su curiosidad, la curva de aprendizaje se dispara. El alumno que se interesa por su formador y compañeros se beneficia de la conversación y, además, el formador se lo agradece.
Entablar una relación positiva y mostrar interés en nuestros interlocutores es una parte importante de la comunicación. La adquisición de habilidades de conversación está relacionada con la inteligencia emocional y la comprensión, y a las personas con un alto EQ se les duele dar excepcionalmente bien.
La escucha activa exige involucrarse y formular preguntas al formador ayuda a mejorar también la gramática y la precisión. Aprender a leer entre líneas y mostrar interés en los demás es una parte integral de la práctica de un idioma. Para relajarse, hay que dejarse llevar. Tenemos que olvidarnos de la corrección y simplemente intentar comunicarnos. Seguro que cometeremos más errores, pero es igual que aprender a montar en bicicleta: hay que seguir intentándolo y, con la práctica, mejoraremos.
En la comunicación, lo más importante es oír lo que no se dice. Peter F. Drucker
4. Contenidos a medida
Muchas clases de idiomas enfocan el aprendizaje desde la gramática, y esto no favorece ni la confianza ni las habilidades de conversación.
Hablar es lo que más hacemos en un segundo idioma, y si se anima al alumno a hablar desde el principio, su experiencia de aprendizaje será muy distinta. Percibirá la formación como algo mucho más personal, adaptado a la medida de las necesidades y deseos individuales y del grupo.
Un artículo publicado en HBR hace hincapié en que los participantes que disfrutan de la experiencia aprenden más que quienes muestran actitudes negativas. A menudo, la práctica de la conversación es el momento que les permite a los alumnos escoger el contenido, y fomentar que aprendan haciendo es una forma conseguir que se involucren más.
Muchos creen que la cantidad aprendida es resultado directo del tiempo invertido, pero lo cierto es que al alumno lo que le inspira son los contenidos de calidad. Le motivan los contenidos que le parecen útiles, relevantes e interesantes. La práctica de la conversación ofrece el escenario ideal para sacar partido a temas dirigidos a los intereses del alumno.
La buena conversación es igual de estimulante que un café bien cargado, y cuesta lo mismo conciliar el sueño a continuación. Anne Morrow Lindbergh